
El antiguo reloj de la plaza despertaba a los ciudadanos del aletargo de la siesta de medio día y el perro de doña flor jugaba enérgicamente con una cuerda roída por el tiempo, mientras que a un par de kilómetros del sitio Pedro caminaba indiferente de los campanazos, su mente, llena de preocupaciones e impedimentos a la hora de pensar en soluciones.
Era un día tranquilo, de los que suelen ser agradables pero poco activos, dados a el descanso a pesar de no ser domingo, la población del lugar se podía divisar en los portones de las casas sentados a la expectativa de algún conocido que por allí pasase tan solo para saludarle y seguir en su tediosa rutina. Era un modo de vida monótono, insulso, inapetente para quien hubiese vivido en cualquier lugar del mundo diferente a este.
Pedro vivía en una casa amarilla, grande, del estilo colonial, con grandes proporciones un pórtico de unos dos metros de alto el cual en su parte más elevada servía de hogar a unos hermosos jilgueros. Pedro atravesó el marco de la puerta y lo primero que advirtió fue un insoportable silencio, tan molesto como siempre lo había sido, tan cotidiano, mas sin embargo a Pedro le era imposible acostumbrarse al mismo, ahora era hora de seguir su acostumbrada rutina, primero caminaba en línea recta mirando las baldosas del piso, sabía que habían 42 desde el pórtico hasta su habitación, caminaba pisando cada una de las 42 baldosas sin pisar coyuntura alguna y luego se recostaba en su cama a descansar hasta que daban las 8 de la noche.
A las 8 se levantaba, se miraba al espejo encontrándose cada vez más viejo, día tras día atormentado por el fantasma de la muerte que se escondía entre las comisuras de su arrugada piel y retrocedía ante la intimidante mirada de aquel hombre. Lavaba su cara y salía de la casa pero no sin antes comer una lata de atún con pan tajado y un vaso de agua.
Salió de su casa con un apresurado caminar pues era algo paranoico, su impresión de que siempre lo estaban siguiendo lo impulsaba a un caminar mas rápida y ágilmente sin distracciones, camino al bar diviso a un par de hombres parados en la esquina entre la casa de don Andrés y el supermercado del pueblo ahora cerrado por problemas de salubridad, los hombres estaban vestidos ambos de igual manera, pantalones café de paño y camisa blanca, uno de ellos con tirantes y el otro con cinturón, Pedro se cambio de acera pues su sentido común le dictaba una mala sentencia.
Cruzó la calle tratando de pasar desapercibido por los hombres que se encontraban allí parados, cruzo la calle y como reacción los hombres comenzaron a seguirlo, acelerando el paso poco a poco para no asustar a Pedro, él comenzó a correr, corrió desenfrenadamente, corrió durante unos 15 minutos sin rumbo fijo, sin pensar en nada, cuando ceso en su acelerado paso, advirtió que no estaba siendo perseguido por nadie, ¿habría sido una jugarreta de su imaginación? , ¿Tanto tiempo en soledad lo había afectado?, o ¿había sido todo cierto? No tenía una forma de responder estas preguntas así que decidió seguir su camino, ahora tendría que caminar más, pues en su correr desenfrenado se había alejado del bar al que se dirigía en vez de acercarse.
Llego al bar 20 minutos más tarde de aquel incidente con un aspecto macilento y las manos trémulas al encuentro de una silla en la cual descansar, pidió un aguardiente doble al cantinero, Ricardo, lo conocía desde pequeño, lo vió crecer en el pueblo y convertirse en un hombre trabajador, pues no tenia recursos para estudiar en la universidad y debía pagar los medicamentos de su madre, le sirvió en una pequeña copa con los bordes despicados, nadie reparaba en esto pues todas las copas del lugar estaban en igual estado, Pedro se la tomó de un sorbo, cuando volvió a ponerla enérgicamente sobre la barra vio a dos hombres al fondo del establecimiento, parecían estarlo mirando, eran los mismos que lo persiguieron unos minutos atrás?, era posible pero Pedro no quería quedarse a comprobarlo, así que salió corriendo despavorido del sitio sin siquiera pagar la bebida.
Sus piernas cada vez mas tambaleantes se veían maltrechos por el terreno escarpado en el que ahora se encontraba, había corrido, caminado, arrastrado durante un largo rato, el caminar de Pedro despertaba a los insectos y animales de la zona, su corazón latía a intervalos, su mente ya no razonaba normalmente, los hombres lo seguían a donde fuese, estaban en cada árbol, en cada piedra, en cada sonido y en cada olor, eran una peste de la cual no se podía librar, era inevitable, era acaso esto una pesadilla?, su mente era invadida por preguntas sin respuesta y pensamientos mezquinos y llenos de tristeza.
Su mente se elevaba y podía verse en panorámica desde lo alto... ahora iba solo, pero cuando volvía en si aun lo seguían, de él no se despegaban, corrió sin rumbo, uno, dos, tres años, quizá tan solo una hora o tal vez diez segundos, nunca supo, tan solo sabía que estaba corriendo, en medio de la nada, lleno de preocupaciones, fantasmas e indecisión.
Su paso, así acelerara o disminuyera no iba a hacer que se fueran, qué hacer cuando no se tiene escapatoria?, para que huir de algo que está en si mismo, era el pensamiento que lo abordaba en ese momento, ya no sentía sus pies, ya no sentía su vida, era un hombre viejo y solo, la desolación era el centro de su vida y la rutina el medio de subsistir, que hacer?, alcanzo con la vista un acantilado, sus pies se movieron por inercia, se encaminaron en dirección a este, el cuerpo ya marchito por los años se dejo caer al vacío, todo cuanto conocía quedo reducido a un suspiro, a una mirada y a un recuerdo.
umm parece el personaje metódico inspirado en kant que iba desarrollar lucho. jajajaj, de cualquier forma esta bueno.
ReplyDeletek iba a desarrollar lucho? bolas nserio?
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